Una vida dedicada a los escenarios

Por Laura Hernández

#EntreAmigos

No todos los artistas pueden hablar de cinco décadas de trayectoria, contar con enorme vitalidad, proyectos a futuro y una larga vida por vivir.

Ella sí, pues su cercanía con las artes data de la niñez. De ahí que, al iniciar tan joven, hoy cuente con una extensa carrera.

 

Se hace camino al andar

La hemos visto en distintos proyectos y escenarios. En esta ocasión, a través de una videollamada desde su oficina —donde destacan los galardones que le han otorgado (nacionales e internacionales, en suma, más de 20)—.

Ataviada con una chamarra amarilla y blusa de cuello alto, Zaide Silvia Gutiérrez comparte con Resonancias algunas de sus vivencias y puntos de vista:

Tuve un llamado vocacional muy temprano. Mis primeras clases de piano fueron a los 4 años —primero aprendí a leer notas y después las letras— y cuando comencé a estudiar danza (a los 7), sentí el movimiento y supe que no podía estar sentada”.

“Inicié mis clases de actuación a los 10 años, a los 11 ya grababa teleteatros, a los 12, hacía teatro semiprofesional, a los 13 me recibí del Instituto Andrés Soler y también a esa edad debuté con Los Motivos del Lobo —una obra muy importante de la dramaturgia mexicana—”.

“En el cine, incursioné como a los 14, 15. La televisión se me resistió mucho tiempo, realmente entré de lleno cuando tenía 30”.

“Después fui combinando todo: televisión, teatro, cine. Fue un fenómeno poco común el tener esa gran oportunidad de ir de un set cinematográfico a uno televisivo o a un micrófono o a la escena teatral”.

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“En el cine, incursioné como a los 14, 15. La televisión se me resistió mucho tiempo, realmente entré de lleno cuando tenía 30”.

A través de otro rostro

En su historial se cuentan al menos 40 películas, 15 telenovelas, 20 series y más de 40 obras de teatro, pero hay otro escenario donde la primera actriz también ejecutó su vocación:

“A los 13 años, acudía constantemente a las compañías de doblaje a ofrecer mis servicios”.

“Ahora esto me da un poco de ternura frente a mí misma porque yo iba de manera muy genuina y seria a solicitar trabajo. Poco a poco me fueron dando oportunidades y llegué a estelarizar doblajes de películas y tener personajes fijos”.

“La radio se dio gracias a ese vínculo con los grandes actores de doblaje, como Jorge Arvizu y muchos compañeros a quienes conocí en estas salas. Ellos —como artistas que desahogan su vocación a través de la voz— estaban conectados con las producciones de las radionovelas de la XEW. Participé en ellas, y también hice algunas en Radio Universidad y Radio Educación”.

“Todo esto lo hice como actividad constante mientras estudiaba la secundaria y preparatoria”.

Todo evoluciona

Directora escénica, maestra de actuación e integrante del elenco estable de la Compañía Nacional de Teatro (CNT), ha sido testigo de la transformación de equipos, formas de trabajo y lenguaje en la industria.

“Cuando yo empecé a hacer teatro teníamos nueve funciones a la semana, de martes a domingo. Cumplir 100 representaciones era algo más o menos regular y significaba ‘buena aceptación’ —y mucha más con 200, 300 o 500—”.

“Más adelante, las temporadas se redujeron a 70, y eran más escasas las placas de 100 representaciones. Después se hacían placas de 50, luego se redujeron las temporadas a 30; posteriormente solo se hacían de jueves a domingo, después de viernes a domingo y luego, solo un día a la semana”.

“Hace unos años me tocó hacer Confesiones de Mujeres de 30 —nueve funciones a la semana— y la gente se sorprendía de que hiciéramos tantas y yo decía ‘¡pero si cuando yo tenía 14 años, así era!’”.

 

En el cine…

“Cuando empecé, había unas lámparas inmensas, del tamaño de una pared, para iluminar una escena exterior de noche y era una broma decir ‘yo por contrato pido 5 mil (watts) para mi close up’”.

“Además, antes se decía ‘filmar’. El film, el rollo de película era carísimo”.

“En el cine mexicano —y me acuerdo cuando hacía los cortos con mis compañeros que estudiaban cinematografía en el CCC (Centro de Capacitación Cinematográfica) o en el CUEC (Centro Universitario de Estudios Cinematográficos) — casi no podían hacer más de tres tomas de cada cosa porque el film —ya sea en 8, 16, 32, no se diga en 35 milímetros— era costosísimo”.

“Después empezamos a grabar en cintas. Entonces se filmaba, se grababa y ahora se dice ‘capturar datos’”.

“Desde que se graba —hace unos 10, 15 años—, el material es mucho más barato y podía quedarse corriendo y hacer muchas tomas de lo mismo o no cortar y decir ‘sal, vuelve a entrar y continúa’”.

“Ahora, cuando ‘capturamos datos’, si te equivocas a media escena o tienes un tropiezo, haces una pausa, retomas y continúas; ya no hay tantos cortes”.

“Y, curiosamente, las cámaras y donde se registran las capturas es tan sensible que en lugar de poner esas lamparotototas, yo veo que cada vez apagan más focos, porque la sensibilidad del material es exquisita y sumamente nítida”.

“Esto da fluidez a la ejecución del arte. Antes con tantos cortes de pronto era como ‘oh’ y debía salirte bien a la primera. Ahora hay una especie de tranquilidad hasta cierto punto; si bien es muy fuerte la presión del ritmo de la producción por ser tan costoso, no es igual oír ‘corte, otra vez’, a decir ‘no te preocupes, para y retoma tu parlamento’. Es otra sensación”.

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“En un instrumento pequeño (smartphone) podemos estar conectados y actualizados, pero ¿y la nitidez de la imagen, la profundidad o el detalle?, eso solo se puede ver en una pantalla grande. Por eso incluso las grandes productoras internacionales, como las de Hollywood, no dejan de hacer películas”.

Cada espacio según su técnica

Con una maestría por la Universidad Tecnológica Latinoamericana y un posgrado en Dirección de Teatro en Columbia University, Zaide comparte su perspectiva sobre las plataformas de streaming y su papel respecto de la televisión.

“Es como comprarse un traje producido industrialmente y adaptárselo o hacer uno a la medida”.

“La actuación es la base para todas las producciones televisivas y cinematográficas. Quizá como medio industrial de producción de historias para ser proyectadas, la televisión peligre, pero no ha pasado nada porque ahora se hacen series, y las televisoras las realizan o rentan sus espacios para que se hagan”.

“Además, no hubiéramos podido sobrevivir a la pandemia sin todas esas proyecciones que vemos en nuestros celulares, computadora o televisión”.

“En un instrumento pequeño (smartphone) podemos estar conectados y actualizados, pero ¿y la nitidez de la imagen, la profundidad o el detalle?, eso solo se puede ver en una pantalla grande. Por eso incluso las grandes productoras internacionales, como las de Hollywood, no dejan de hacer películas”.

“Cuando vemos en televisión una toma amplísima, con montañas, carretas, donde utilizan todos los planos de profundidad y te sientes inmerso en ese universo… Sabes que es una producción con técnica cinematográfica y vale la pena ir a verla en una pantalla grande porque está hecha así, para entrar en esa ilusión de una dimensión del espacio enorme”.

“Y cuando vemos una historia donde el diálogo es lo principal, con tomas cercanas o no mucho más allá del cuerpo completo como para ubicar, sabemos que está hecho con una técnica televisiva, y es para atraer al auditorio más por el oído que por la imagen, pues lo que se dice está ahí, centrado en el mensaje”.

 

A todo color

A propósito de los cambios que ha traído consigo internet, nuestra invitada —creadora escénica y también catedrática de la UNAM— relata cómo la pandemia por Covid-19 nos llevó a adoptar nuevas formas de comunicación.

“Es algo que hemos tenido que aprender y nos ha flexibilizado, porque impone el adecuarnos a las circunstancias tecnológicas”.

“También he sido afortunada, yo en esta pandemia participé en una serie (Madre Solo Hay Dos) de esta plataforma —la más grande, potente y la que ha puesto en entredicho a las grandes televisoras—”.

Sin embargo, “Yo soy una gran promotora del espectáculo en vivo. Tener un disco de mi cantante favorita, no significa que sienta lo mismo cuando voy a verla a una presentación”.

“Creo que son las mismas diferencias y principios humanos, finalmente son herramientas para comunicarnos. Qué bueno que existan y cada vez estén más a la mano, pero no hay como un abrazo, como sentir el calor humano o percibir la manera de ser del otro”.