Pedazos de su corazón

Por Laura Hernández

#EntreAmigos

De acuerdo con el diccionario, diva es aquella artista que sobresale del resto por su popularidad y talento. El concepto la define fielmente, pero si ahondamos un poco más, cada una de esas cuatro letras nos refiere a una mujer Divertida, Irreverente, Valerosa y Auténtica […]. Tal como es ella.

Una charla pa' agarrar el alma

En una videollamada, desde su hogar en Morelos, Regina Orozco conversa con Resonancias sobre su carrera como cantante, actriz, cabaretera y soprano.

Con innumerables participaciones en la industria, describe a los medios de comunicación como enlaces para ser conocidos, para hacer público su trabajo, “como una conexión del artista con la gente”.

“La televisión es muy diferente a la radio: la radio todo te lo deja a la imaginación, entonces ahí no se necesita tanta producción sino una buena manera de hablar y de presentarlo a través de la palabra. Y una revista todavía te lo deja más a la imaginación”.

 

Adicionalmente, resalta la responsabilidad que tienen las figuras públicas frente a las audiencias. “Cuando estás arriba de un escenario o en una pantalla, la gente te está oyendo. Y en la vida todos venimos a aprender, entonces, por ejemplo, si yo he sido violentada, si he sufrido violencia doméstica, por qué no decir ‘oigan, espérense, alguien que está en la pantalla también lo ha sufrido, entonces yo he investigado de esto, saben qué, hablen, hablen por teléfono, busquen ayuda’. O sea, en todo ese tipo de cosas hay un compromiso, el que alguien que esté arriba de un escenario, en una pantalla y que es escuchado, sí es un compromiso el trabajar la conciencia porque la gente te escucha”.

“Y a mí me da un poco de tristeza que luego digan cosas que afectan como que ‘salgan, esta pandemia no existe’, ¡ay, Dios! O este señor, Javier Alatorre. Hay veces que se debe tener cuidado, los que estamos de este lado sí nos cree la gente, entonces hay que tener mucha conciencia. Valores y conciencia”.

Del tingo al tango

En lo musical como lo actoral, ha trabajado con grandes personalidades y en extraordinarias producciones. Con 7 discos, 34 películas y cortos, 20 telenovelas, series y más de 70 óperas, recitales, comedias musicales y cabaret, esta artista se ha diversificado de gran manera. “Creo que en otra vida fui renacentista. Ya ves que hacían de todo, se metían en todas las artes: pintura, música, teatro”.

Versatilidad en la que los medios le han apoyado, al tiempo que develan su calidez, carisma y talento. “Me han respetado bastante, y creo que es mutuo. Soy muy agradecida con la gente que está haciendo del otro lado su trabajo”.

“Me han tratado bastante bien, pese a que soy una mujer más independiente, que no dependo de estas grandes corporaciones o compañías porque luego me dicen: ‘deberías de verte más’, para mí está bien la manera en que soy conocida, estoy contenta porque ahora sí conozco de todo”.

Multifacética, agrega que la televisión la ha acercado más al público del interior de la República, “a lugares donde no llega tanto el internet o donde siguen con la tradición de ver la novela, la comedia”; mientras que la web a un público más joven, “a los que te buscan”. Como artista sí es necesario estar en las redes, “son herramientas fantásticas para dar a conocer lo que uno quiere decir”.

En lo digital “es otro tipo de energía. Las redes son un arma de dos filos. Debes tener un tipo de energía especial porque no tienes la retroalimentación directa que hay en el teatro o el cabaret; en el cine o la tele te están dirigiendo, y aquí estás leyendo y en contacto, pero desde el sillón de tu casa”.

Además, con esa gran avidez que tiene por la vida, se ha adentrado de lleno: para muestra, los miles de likes y followers en cada una de sus cuentas, así como su más reciente canal, Par de curvas, donde departe con la actriz Conchi León.

“Es un proyecto que teníamos desde hace como 3 años, de querer hablar sobre el tema del cuerpo, los estigmas, los prejuicios y ahora que ya existe este término de gordofobia. Entonces estamos abordando todo esto a través del humor, de nuestro enojo y de nuestra risa”.

Crónicas chilangas

Con más de 35 años de trayectoria, productora, directora y guionista, Regina es ejemplo de que no basta el talento, siempre hay que prepararse. Su instrucción en el Conservatorio Nacional de Música hasta la escuela de música Juilliard, de Nueva York, lo avalan.

Relata que cuando llegó al Conservatorio, a los 13 años, “la verdad, los maestros de canto decían ‘bueno, y esta ¿de dónde?’ ”.

“Parece como si ya hubiera nacido con la voz educada, y no. Fueron alrededor de 7 años de estar tomando de 2 a 3 clases particulares a la semana. O sea, no nací con esto, nací con un chorro de voz —como diría Pedro Infante—, y fue aprender a poner esta voz grandota —como soy grandota, la voz también es grandota—. Entonces domarla sí me costó mucho trabajo. Realmente de estudiar la voz fue de los 14 hasta los 30, 16 años de tomar clases y hoy todavía trato de hacerlo”.

Mientras que para la actuación, su enseñanza se dio en Bellas Artes, el Foro Eón de la Ciudad de México y el Centro Universitario de Teatro (CUT), de la UNAM.

“Estuve estudiando también desde los 13 años en talleres de teatro con David Olguín, Gonzalo Valdés Medellín y varios actores más; en el Foro Eón, con Hugo Argüelles y Sergio de Bustamante. Ahí conocí a Astrid Hadad y Darío T. Pie, básicamente tenemos una escuela muy extravagante, somos muy exóticos en la manera de presentarnos”.

“Después me fui al CUT y nunca terminé, no tengo ningún papel de nada, pero me la pasé estudiando y tomando talleres toda la vida y de aquí pa’ llá y de allá pa’ cá. Conocí a Jesusa (Rodríguez), aprendí cabaret y ya embarazada me dicen ‘¿no quieres hacer un papelito en Solo con tu pareja, de Alfonso Cuarón?’, dije ‘va’ ”.

E imitando el sonido de un carrete de cinta antigua, Regina describe “Yo ya hacía muchas películas en formato Súper-8, con Ximena Cuevas, sin sonido; bueno, sí, pero le poníamos el sonido. Estoy hablando de los 80, ya luego salió el video”.

Días de lluvia y sol

La lista continúa, ya que esa película de 1991 abrió el camino de muchas más (con actuaciones o haciendo doblaje): Profundo carmesí, de Arturo Ripstein y cuya interpretación de Coral Fabre le valió un Ariel y la nominación a Mejor Actriz en el Festival Internacional de Cine de Venecia; La vida conyugal, Perdita Durango, El Santos contra la Tetona Mendoza (de los moneros Jis y Trino), El libro de la selva, Ana y Bruno o Dolittle.

Respecto de la TV, tras varios años de ausencia, regresó a los sets.

“Hace como 23 años hice una telenovela que se llamaba La casa del naranjo, en TV Azteca, pero era muy adelantada, era como serie y no pegó. Después Juan Osorio me habló para hacer en Televisa Mi marido tiene familia, cuando leí el guion —de Héctor Forero, un colombiano que yo admiro mucho— dije ‘eso sí lo quiero hacer, por supuesto. Esta telenovela es inteligente, lo quiero hacer’. Era de una mujer que tenía infantilismo y con el sobrepeso sufría mucho, pero se ligaba a Enzo —que el papel lo hacía Latin Lover, él es actor pero a la vez fue luchador profesional y el culto al cuerpo es el culto al cuerpo—; entonces que en esa telenovela una mujer de talla grande con un hombre que tiene el culto al cuerpo fueran pareja, en mucho fue un parte aguas en la tele. Por eso acepté”.

Posteriormente participó en Los pecados de Bárbara. “Aunque las telenovelas sigan pegando duro, sobre todo en las comunidades y pueblos donde no llega mucho el internet, Televisa se dio cuenta que las series están pegando más”.

Mujer insumisa

Solo hay un momento en el que el semblante de Regina cambia por completo: cuando habla de lo que el cabaret le significa. En ese instante, la sonrisa amplia y franca con que acompaña cada una de sus respuestas, pasa a un brillo que le ilumina no solo la mirada sino el rostro entero.

“Ahí junto todo. Si necesito actuar de cierta manera, yo misma decido cómo; si debo cantar ópera, reguetón, chachachá, bailar o hacer cualquier cosa, yo decido cuándo lo quiero hacer. El cabaret es como una cajita de regalo para mí, una cajita donde hay mucha magia”.

 

“Y es muy a gusto hacerlo. Y cuesta, cuesta trabajo y luego quiero estrenar y estrenar y digo ‘espérame, no puedo, si acabo de estrenar hace unos meses; entonces hay que sacar dinero para el nuevo, no, no, hay que venderlo’, porque el cabaret lo he llevado a formato grande, a festivales, a teatros del pueblo. Y eso es también un placer porque lo puedo llevar a una plaza en Texcoco, en Culiacán, Tabasco o en Toronto o Chicago, y como esa cajita me da permiso de hacer lo que quiera, lo adapto. Entonces está bien chingón”.

 

Tercera llamada

 

Autodefinida como coqueta y espiritual, a “La Megabizcocho” nada la detiene. Durante el confinamiento sanitario, a través de Instagram inauguró sus “Noches de karaoke”, donde cantaba —a la distancia y a la par— con algunos invitados. “A falta de escenario, uso las redes”.

¿Algo más? Sí, entre sus proyectos a futuro se encuentran: la apertura de un negocio en Morelos, el rodaje de una serie, un disco titulado Mucho ayuda el que no es trova y el estreno de Canciones para planchar.

“Un espectáculo que tiene el doble sentido de cuchiplanchar. Ahí hablo mucho sobre el cuerpo y la autoaceptación, porque cuando amas más a tu cuerpo tienes mejor sexo”.