Destinos que llevan al éxito

Por Laura Hernández

#EntreAmigos

Conocer nuevos ingredientes, deleitarse con el sabor de otros platillos, apreciar la belleza y colores de cada región, caminar por sus calles, convivir con los pobladores, visitar sus cocinas, captar amaneceres u ocasos frente al mar, el bosque, la sierra o la montaña […]. Parece irreal, pero es posible y hay alguien que nos ha mostrado cada una de estas experiencias no como un trabajo, sino como guía y compañero de viaje.

Sentados a la mesa de un restaurante de la Ciudad de México, Miguel Conde narra a Resonancias cómo su carrera lo ha llevado a múltiples escenarios: países, ciudades, pueblos mágicos, en set o delante del telón.

Sí, aunque sus participaciones a cuadro lo sitúan más como conductor, también ha destacado en la actuación. Disciplina que le ha permitido conjuntar ambas labores.

 

“He pasado más tiempo en un escenario que conduciendo. La gente me conoce porque la televisión es más poderosa y muchos no van al teatro, pero nunca me ha abandonado, siempre he estado ahí con algún proyecto”.

Con equipaje en mano

 

Tras estudiar Administración de Empresas en su natal San Luis Potosí, Miguel decidió que quería dar un salto más fuerte: ser actor. Aunque en ese instante la conducción no era su meta, recuerda que de niño era algo que ya traía. “Jugaba a ser conductor, tenía mis programas, hacía el noticiario, me grababa, redactaba las noticias, y en otros momentos jugaba al teatro. Todo lo que era televisión y escenarios me llamaba la atención”.

Decidido, dio un giro a su mundo y sin saberlo, esa experiencia sentó las bases de lo que a futuro sería su incursión en los medios. “Tomé distancia de todo lo que había sido mi vida, de la zona de confort que representaba mi país, mi idioma; como que me puse en riesgo y me fui a Francia. Ahí empecé a estudiar actuación, y la manera de solventarlo era trabajando en restaurantes –tanto en cocina como de mesero–. Entonces vino al mismo tiempo la actuación y la comida”.

Después de algunos años y convencido de su sueño, se muda a la Ciudad de México para estudiar en CasAzul. En sus primeros semestres, llega el casting para una emisión de viajes culinarios. Con el perfil, “pero un poco de miedo porque en esos momentos, los programas de cocina los presentaban chefs y gente muy experta”, acude y es seleccionado.

“De alguna manera se fue dando. Mientras estudiaba, empecé a conducir La Ruta del Sabor, que es con lo que inicio en Canal Once y sorprendentemente para muchos –incluyendo a nosotros– fue (y ha sido) un gran éxito”.

Entrañable

 

Con 17 años al aire y retransmisiones de cada temporada, este documental gastronómico es un distintivo del Once al mostrar con naturalidad el sentir y sazón de cocineras tradicionales y regionales.

“Me gusta mucho hacerlo, me encanta y creo que a todos los que estamos involucrados también. Poco a poco me fui enamorando de ese universo de la gastronomía y el turismo, quizá la parte de los viajes ya la tenía, mientras que la comida es un tema que me fue seduciendo y se generó una cosa muy bonita con La Ruta del Sabor y el público. Eso es extraordinario porque puedes tener una gran novela, película, etcétera, con los mejores ingredientes y de pronto no sale bien, a la gente no le gusta. Acá sí, la parte más bonita es esa y por la cual estoy más agradecido, por esa comunión que se da con el espectador, porque sin eso ya nada tendría sentido”.

Por su carisma y la forma tan orgánica con que se desenvuelve, el presentador se ha convertido en un pilar fundamental en cada uno de los proyectos donde incursiona. “Los medios de comunicación, la tele, las redes, son transparentes. Si no eres auténtico solito te expulsan. Al igual que el teatro, si dices una frase de dientes para afuera, te apunta, no, no es tu lugar”.

Añade que para conectar con el público es fundamental ser honesto, no fingir ni pretender, “luego mucho rigor y disciplina. Es indispensable. De pronto pareciera que las redes permiten que hagas lo que sea y que la gente va a consumir cualquier cosa, pero no, hay que ser muy riguroso. Si quieres durar en esta carrera hay que ser persistente, tenaz, necio. Hay que ser necios en esta vida con lo que quieres”.

Ello junto a una frescura que no hay que perder, “pareciera contradictorio, pero lo disciplinado, lo riguroso no te tiene que hacer soldadito acartonado, al mismo tiempo hay que ser flexibles”.

Valorar y valor agregado

 

Partícipe de la industria por casi dos décadas, Miguel comparte la evolución que ha visto en la producción y sus formatos. “Si algo tiene padre ser de mi generación –estar en los 30, 40– es que hemos visto todo. Nos ha tocado todo y a la vez hemos sido muy maleables para adaptarnos”.

Y haciendo un amplio movimiento de brazos y manos, añade que en sus primeras grabaciones “eran unas cámaras de este vuelo, una pesadilla. La comodidad, siento que a veces no la valoran las nuevas generaciones o no sé si no se dan cuenta, pero la comodidad que te da ir con una cámara pequeña, incluso con el celular y hacer todo con ese aparatito, es un regalazo”.

“Aunque también tenía algo de romántico, era más difícil y la dificultad hace que tu creatividad e ingenio se despierte y no te puedes dormir porque no hay manera de volver a hacerlo, porque cuesta muy caro el material. Ahorita es muy fácil, ‘corte, volvemos a empezar’. No, antes pensabas dos veces para hacer un corte porque costaba un casete de esos, porque te los limitaban”.

 

“Entonces, siempre hay que despertar la creatividad, hacer mucho con poco, más con menos. Eso te obliga a ser creativo. Lo cual, para lo que hacemos, es un plus si le sabes dar la vuelta a la carencia”.

Y tras dar un sorbo a su taza de café, aspirar su aroma y llenarse los pulmones con la esencia, comenta que “eso tienen los programas. De alguna manera son un poco atemporales. Los veo y me da pavor porque ya ni me reconozco. Obviamente es otra calidad, los ves viejitos”.

Discernir y conocer

 

Autodefinido como buscador incansable, curioso y a quien le gusta el riesgo –aunque al mismo tiempo con un lado tranquilo y de quietud–, reflexiona sobre los pros y contras del consumo de contenidos en las audiencias.

“Como persona que vive de eso ¡es maravilloso!, porque ahora hay 80 mil canales, 80 mil plataformas, están los celulares, las redes y a la vez la tv. Pero no nada más tienes la televisión, cada día sale una plataforma nueva. Es un poquito avasallador, hay tanto que de pronto hay mucha basura, se consume mucha basura. Creo que como espectadores tenemos que ser más exigentes y selectivos, a veces es inevitable no perderse entre tanto contenido, entre tanto dato. Hay que procesar todo eso para digerirlo y aprovecharlo”.

“Entonces tiene ese doble filo: por un lado hay mucho y es extraordinario; pero por el otro, nos podemos ahogar entre esa marea de información y opciones”.

Mientras que de las redes, reconoce el gusto y utilidad que ha encontrado en ellas. “Me encantan. Me tardé y me costó, al principio decía no, no quiero que nadie se entere de lo que estoy haciendo, para eso tengo un programa y para eso el que quiera me va a ver al teatro, etcétera, pero poco a poco empecé a ver su función y sobre todo algo muy importante: hay que divertirse”.

“Creo que me cayó el 20 cuando me di cuenta de que el celular no es tu vida, es una herramienta de trabajo, una herramienta de comunicación que te puede acercar a seres queridos que están lejos, amigos, amistades que hace siglos no ves, que tal vez no vuelvas a ver y que no hay otra manera de comunicarte más que por Facebook o Whatsapp; pero no es esa la vida, no son las relaciones verdaderas, las relaciones humanas y la comunicación se sigue dando así, de manera directa”.

Aprender para crecer

Atento al hablar, casual en su atuendo y de expresiones positivas, este joven cuenta en su carrera con múltiples obras, películas e intervenciones en tele y es de la televisión donde enlista a algunas de las personalidades que admira, expertos que han llevado su talento a distintos lugares o generaciones.

“Mi gran referente para el tema de los viajes y la gastronomía es Anthony Bourdain, sus programas eran antropológicos, culturales, se iba mucho más allá de la cocina. También admiro a Yuri de Gortari, me gustaba muchísimo la mancuerna que hacía con Edmundo Escamilla porque él le daba profundidad y color con toda la parte histórica de la cocina tradicional, mientras que Yuri profundiza en lo gastronómico”.

“Cuando empezamos estaba Mónica Patiño y Paulino Cruz, y llegamos ahí con ellos. Nuestro concepto fue y es muy distinto, no había algo similar en México, sí fuimos pioneros. Hoy hay cantidad, unos muy parecidos a lo que hacemos o iguales, pero cada quien le da su toque, su sello y hay para todos. Me gusta verlos y empaparme de todo lo que están haciendo”.

 

Así, sonriente, extrayendo lo mejor de cada momento, Miguel demuestra que al igual que un ingrediente o platillo puede reinventarse (y deleitarse) de múltiples formas, una buena producción siempre será recordada. En especial porque comer y viajar son dos de los mayores placeres de la vida, pero cuando estos gustos se comparten a través de la televisión, la experiencia se magnifica.