#EntreAmigos

La dichosa palabra y el conocimiento

Por Laura Hernández

Su nombre es referente de que las letras y la cultura se pueden transmitir en los medios de manera inteligente, sencilla y sí, con una gran sonrisa.

Nacida en España pero naturalizada mexicana, Laura García es lexicógrafa y licenciada en Traducción e Interpretación por la Universidad Pontificia. En el año 2000 una oferta profesional la trajo a México. Al poco tiempo, sus conocimientos y carisma la llevaron ante las cámaras de televisión, posteriormente llegó la radio, los medios escritos, las redes y sus dos libros (“Enredados” y “Funderelele”).

‘Mujer de muchas palabras’

El lugar es acorde: la Feria del Libro del Palacio de Minería. Aquí, en entrevista con Resonancias, explica qué es y cómo se desarrolla en cada espacio.

 “Ante una cámara trato de estar muy derechita, de ser directa en mis mensajes y no dar rodeos, de dar ejemplos que sean gráficos y que te hagan recordar. Pero a la vez estoy pensando mientras hablo, y me distraigo”.

“Al escribir me gusta empezar con algo que te atraiga y terminar con algo que te deje una sonrisa, aunque en el medio te haya contado lo que te haya contado. Sin embargo, tengo que ser muy puntual. Dejo los textos, ahí durmiendo, y los releo después para ver si realmente es el mensaje que quería dar. Me gusta ser muy precisa y doy muchos viajes a los diccionarios, a ideas afines, busco sinónimos, repetición de palabras. Eso me lo otorga un texto al verlo y revisarlo”.

La radio es muy noble “porque te permite ciertos aspavientos sin que nada te distraiga”. Mientras que en las redes “antes era más atrevida. Me gustaba mucho la ironía, el doble sentido y los juegos de palabras. Ahora veo que todo el mundo lo entiende mal y lo usa para atacar, entonces lo que hago es ser mucho más escueta. Me he vuelto más prudente que lo que suelo ser en el día a día”. Y con una gran expresión revela: “la gente piensa que yo soy así. No, yo soy así cuando estoy hablando de cosas que me entusiasman y apasionan; pero cuando estoy en el cine o con amigos, uno se permite otras cosas”.

“Siempre eres la misma persona, pero tratas de tener en cuenta quién te está mirando y lo que quieres comunicar. Si tienes un mensaje, te centras en ello”.

‘El idioma es un ente vivo’

Conferencista experimentada detalla que cada espacio requiere un lenguaje particular. En radio el otro no te está viendo, entonces se vale gesticular, pero hay que ser más preciso, narrar las situaciones, utilizar alusiones gráficas que te lleven a imaginar. Por el contrario, frente a una cámara debes estar atento a lo que visualmente se dice, porque ahí de lo que se trata es de contagiar con el cuerpo. La radio es más la voz, en tele además es la imagen. Hay que tener cuidado con ese lenguaje no oral en el que van implícitos muchos mensajes.

En prensa debes ser muy claro. Es información que se queda plasmada, inmortalizada, que uno puede releer y tener diferentes interpretaciones. Ahí no tienes ni una voz, entonación ni un gesto para acompañarlo, sólo tienes la palabra desnuda. Por ello hay que utilizar las ideas precisas, porque evidentemente tienes que lograr otro impacto. A cuadro uno puede sonreír y ya estás siendo cordial. Al escribir hay que valerse de ciertas palabras, formas y figuras que transmitan esa calidez, enojo, empatía o frustración. Es decir, ahí sí tienes que echar mano más del vocabulario porque no tienes nada para acompañarlo; y también puede haber más malentendidos porque a pesar de que hay recursos como mayúsculas o las exclamaciones, cuando se utiliza la voz y el cuerpo se tienen otras herramientas.

Añade que en las redes pareciera que la gente está muy enojada y busca cualquier excusa para pelear o insultar. “Creo que es un fenómeno curioso porque hay una especie de anonimato en el que se puede decir lo que sea, porque da igual quién esté detrás de esa foto. Y es que las redes están en constante evolución y nunca sabes: lo que hoy sirve, mañana ya no; lo que ayer estaba mal, hoy es maravilloso. Entonces exige estar alerta, tener capacidad de análisis”.

“Considero que hay que ser más neutros, utilizar palabras que sabes que no van a generar una reacción contraria a la que tú quieres. Ahora que si lo que quieres es provocar, pues adelante, estás en el mejor lugar para conseguirlo”.

‘Mi vida son las palabras’

Lingüista, redactora, traductora y promotora de la lectura en México, comenta algunos de los errores más comunes que se presentan en los medios. “Creo que hay mucho riesgo de verse contaminado por otros idiomas, y al quererlo hacer propio lo que formamos son estructuras que suenan quizá españolas, pero que en realidad son un calco de otro idioma y a veces están un poquito sofisticadas”.

Sin embargo, más que una falla ortográfica, gramatical o de acentuación, “para mí el error es no lograr comunicar algo por no tener las ideas precisas y concretas. Dar muchas vueltas y no aterrizarlo, no ser concisos y directos en el lenguaje, querer dar un mensaje y marear al auditorio o comunicar con palabras que se cree son correctas, y no serlo. Entonces esa ignorancia, ese desconocimiento, te lleva a transmitir mensajes con el fin equivocado”.

“Esos malentendidos son los que me preocupan más, que piensas que estás expresando una cosa, y en realidad el otro está entendiendo otra; y no es por mala voluntad, sino porque tú no sabes lo que significa lo que dices. Y eso me parece más grave que una tilde, la S en un verbo o una redundancia”.

Refiere que quienes se dirigen al público tienen un compromiso social. “Creo que todos los que salimos en medios deberíamos tener una conciencia de que nos estamos dirigiendo a un público grande, que no conocemos. Tienes comunicación con alguien sin tener a un receptor delante, no le veo la cara, sus expresiones. No tengo manera de recibir sus comentarios o respuestas –salvo en las redes”.

“Se tiene una responsabilidad en cuanto al contenido y uso del lenguaje porque son también un trampolín y una ventana muy grande, donde te ve mucha gente, pero si uno utiliza el lenguaje para llevar una tendencia o si uno puede convencer al otro de que tienes razón a fuerza de estar repitiendo y repitiendo un mensaje, lo crees y tomas como verdad. Sin embargo (como público) no te has dado ni un minuto en ver si lo que estoy comentando es verdad o no. Y eso es una responsabilidad tuya, no tanto del medio, sino que tú como receptor también deberías cuestionar todo lo que te están diciendo”.

El compromiso es mutuo. Y ahora una obligación al tener tantas fuentes e información al alcance. “Entonces si acusas al otro de que lo que te está diciendo es para convencerte, el que queda mal eres tú. Tú estás siendo convencido porque te dejas, hoy existen más herramientas para decidir si creer o no”.

‘Queremos mucho nuestro idioma’

Con una trayectoria en la que los avances tecnológicos le han acompañado y donde nuevos formatos surgen día a día, explica que se ha adaptado a ello con paciencia, prudencia y responsabilidad. “Eso sirve para todo en la vida”.

Enamorada de las palabras (por su estética, etimología y sonidos), celebra que la tecnología brinde tantas posibilidades de educación y conocimiento. “Creo que es una herramienta poderosísima, y es un privilegio vivir en este momento en que tenemos a la mano muchas maneras de acceder a un dato, a una lectura. Ya no podemos acusar, por ejemplo, una mala distribución. Más bien lo que habría que hacer es educar para saber usar internet de una manera en que nos beneficie porque para hacer memes, insultarnos y ver cosas que no debes, no hace falta que nadie te enseñe, van a llegar a ti aunque no quieras”.

“Me parece que un poco los responsables de la comunicación, de la cultura o del acceso a la información deberíamos estar más preocupados en hacer más fácil el que tú seas capaz de buscar eso por ti mismo. Ahí es donde siento que estamos fallando y es donde tendría que estar enfocado nuestro esfuerzo: en encontrar esos caminos para llegar a las cosas buenas –porque las hay y muchas”.

“Si eres un ciudadano preparado, educado, que te gusta cuestionar, no puedes dejar de hacerlo. Además tu deber es contagiar al de al lado si es que no tiene las herramientas. Es provocar –a través de la cultura- personas independientes y libres a la hora de pensar, de moverse, de decidir. Y para eso te tengo que dar ciertos elementos y luego dejarte libre; porque si no, te estoy llevando de mi mano, y eso tampoco está bueno”.

Fanática de los deportes y multirreconocida por su participación en “La Dichosa Palabra”, Laura reflexiona sobre qué es lo que le ha dado tanto éxito a un programa cultural, de la televisión pública, pero que suma ya 16 temporadas.

“Creo que hay varias claves. Una es que hablamos de algo que todos tenemos: el lenguaje, una herramienta que utilizamos desde que despertamos hasta que nos acostamos. Y a todos nos interesa que cada cosa que se quiere decir se entienda”.

“Otra, que somos cuatro individuos con personalidades e intereses culturales diferentes. Ninguno de nosotros damos una sensación de solemnes, de gente que se la pasa en una biblioteca, encerrados. Hacemos alusión a las redes, a lo que pasa en el día a día, somos personas que te hablamos con la misma profundidad de Nietzsche que de Lady Gaga, y se vale porque todo es cultura”.

“Ha sido un poco esa cercanía, el romper esa barrera de ‘la cultura tiene que ser algo serio’. No, la cultura también es de sensaciones. Y creo que eso es parte de lo que nosotros hemos querido hacer, como muy del corazón. Algo que nos gusta tanto a nosotros, me encantaría que te gustara a ti porque a mí me hace feliz, qué tal que a ti te hace feliz. Entonces contagiar una felicidad me parece que siempre es muy bien recibido”.