Enrique Larios: “El Perico Rico de Ensenada”

Por Javier López Álvarez
Trayectoria

El 5 de diciembre de 2018, durante los trabajos del XXI Pleno Nacional Conmemorativo del STIRTT, Ricardo Acedo Samaniego, secretario general, entregó un emblemático micrófono a Enrique Larios García por sus 51 años de trayectoria en la radio.

Distinta a las historias que hemos escuchado y leído, Enrique Larios García tuvo su primer contacto con la radio desde su propia construcción. Cortando acero y uniendo cables, como era el deseo de su padre al construir una estación emisora en El Dorado, Sinaloa, que al paso de los años vendría a ser la XEEX, La Voz del Valle del Río San Lorenzo, una escuela de importantes locutores que se diseminaron por la república mexicana.

“Yo recuerdo muy bien que la gente pasaba y le gritaba a mi padre: estás loco Martín!!!...¿qué estás haciendo?...y nosotros ahí nos amanecíamos en la noche, en el día para la elaboración de una radiodifusora, era muy ingenioso mi padre” revive Enrique Larios al traer a estos días esas imágenes que lo acercaron con lo que ha sido su oficio y trabajo por 51 años.

Enrique, hijo del dueño de la radio, enfrentó a todo y a todos, desde su propio padre quien ante la llegada de una organización sindical con sede en Culiacán (a 60 kilómetros de distancia de El Dorado) tuvo que tomar una decisión definitiva “la radio o el sindicato”.

El STIRT emplazó a huelga a la radio que fue construida con la decisión e imaginación de Martín Larios y que daba entretenimiento a unos 13 mil habitantes. Aquel joven inquieto de apenas 17 años no dudo en sumarse a las filas del sindicato por una razón sencilla “no me pagaba mi padre”, dice al recordar que no bastó a su progenitor que fuera nombrado delegado en la estación familiar y fue despedido, teniendo que viajar a la capital de Sinaloa para buscar emplearse en lo que ya era un gusto y atracción: hacer radio.

Logró hacer unos turnos en la XENZ de Culiacán, de ahí se fue por tres meses a Guadalajara y después regresó a Sinaloa para trabajar en la XEOW de Mazatlán al tiempo que se formaba también en ese lugar el Sindicato de Trabajadores de la Industria de la Radio y la Televisión, por lo que fue uno de los primeros trabajadores sindicalizados en el puerto. A los 18 años  emprendió el viaje al centro del país para estudiar en la escuela de locución, presentando examen exhaustivo de ingreso, logrando quedar seleccionado.

Para 1970 Enrique regresó a El Dorado, fue recibido de la mejor manera por su padre y se quedó un año trabajando en aquel valle sinaloense, ya con el certificado de locución bajo el brazo. Varios programas logró posicionar, entre ellos “Las juventudes en acción”.

Lo inquieto lo llevó a emprender de nuevo el camino y se dirigió al norte, Tijuana era la meta.

Con una carta de recomendación llegó a “estirones y jalones” a Mexicali en Baja California, “pedí trabajo y no hubo, me acuerdo que me dieron a hacer una grabación, me pagaron 100 pesos en el 71 y de ahí pedí otra carta de recomendación, a Ensenada yo no lo hacía en el mapa y para allá me dieron la carta de recomendación”, menciona al traer a su memoria que durante dos noches tuvo que dormir en la terminal de autobuses de Ensenada hasta que un trovador de calle lo acogió en su casa.

El 7 de enero de 1971 se presentó en las oficinas de la XEHC Radio Bahía para solicitar trabajo y sí,  le brindaron la oportunidad pero no de locutor sino de servicios generales que es lo que había en ese momento “yo hice la prueba de locutor ahí y me dijeron –estás muy bien muchacho pero no hay trabajo, aquí lo que puedes hacer es de vez en cuando entrar a cabina, hacer mandados, una que otra grabación- lo que caiga les dije, porque yo acaba de ser papá y había dejado a mi señora y a mi hija en El Dorado y le entré”.

Picando piedra, la primera plaza que ocupó tras cuatro meses de trabajar en Ensenada fue de limpieza, estaba decidido a ganarse el lugar en aquella ciudad. La oportunidad frente al micrófono se presentó cuando un locutor fue suspendido por la secretaría de educación por no tener los documentos en regla. Todo se dio en un año de estar en aquel lugar alejado de su natal El Dorado, Sinaloa. Desde aquel entonces a la fecha han pasado 51 años.

Ensenada, su segunda tierra, le ha dado tristezas y alegrías. A seis años de estar en ese lugar falleció su esposa y el quedó a cargo de cuatro hijos pequeños, el reto se volvió mayúsculo.

La formación sindicalista de Enrique Larios lo llevó a participar en movimientos. Recuerda que en 1990 al sentir que el STIRT en Ensenada no se administraba de la mejor manera, él junto a un grupo de compañeros decidieron “por sus pistolas” llamar a elecciones, sin tener la autorización del comité nacional, razón que bastó para que esa sección fuera tomada por la misma representación nacional y la volvió delegación por espacio de un año “al año convocó el licenciado De La Vega a elecciones y quedó Ángel Domínguez de secretario general y yo quedé de organización”.

En 1991 y tras viajar a un Congreso Nacional en Villahermosa, Tabasco desafortunadamente falleció en su cuarto de hotel el entonces secretario general de la sección Ensenada, Ángel Domínguez. Enrique Larios se desempeñaba como secretario de organización por lo que fue designado por el comité nacional como encargado de despacho hasta que se emitió una convocatoria y desde entonces es el secretario general, al tener período tras período el apoyo de sus compañeros miembros del STIRT.

Desde que se hizo cargo de la sección se echó a cuestas el proyecto de construir el edificio sindical, algo que proyectó y dirigió durante diez años. Hoy ese edificio es uno de los más funcionales con que cuenta el STIRT en el país.

En 43 años ha hecho prácticamente de todo frente al micrófono, relatado noticias,  entrevistado a cientos de personajes de esa región en el noroeste de México, transmitido infinidad de controles remotos y también llevó durante 20 años la crónica de una carrera automovilística internacionalmente conocida como la Baja 1000 y también la Baja 500. Incursionó en la televisión de Ensenada en programa de amenidades.

Tal vez lo que más disfrutó y marcó en su vida como locutor fue el programa hecho para niños y que se llamó “El perico rico”, y así lo recuerda “era un programa de preguntas, educativo, regalaba muchas cosas durante 10 años (de 1985 a 1995), un programa para niños que disfrutaban mucho los adultos”, dice sonriendo Enrique Larios García.

Participó también en la política. En 1995 fue director de reglamentos tendiendo a su cargo el comercio ambulante, espectáculos y alcoholes en el puerto de Ensenada. De 1998 al 2000 fue regidor en el ejercicio del alcalde Daniel Quintero Peña. Trabajos que combinó siempre con su turno de cabina y la responsabilidad de secretario general del STIRT.

Enrique Larios comparte la visión del dirigente nacional Ricardo Acedo Samaniego quien además de llevar a una nueva dinámica al STIRTT, defiende en contra de aquellas medidas de operación que pudieran afectar a la mano de obra como lo es la automatización en las cabinas de radio “tiene un liderazgo a carta cabal, un liderazgo que se ha ganado a pulso y lo apoyamos en todo” subraya al reconocer el vanguardismo que se ha impreso al trabajo nacional del STIRTT.

Hombre agradecido, Enrique recuerda siempre a Luis Martínez quien le dio la primera oportunidad de trabajar como locutor en Ensenada al ser gerente de Radio Bahía.

Seis hijos es la dinastía de Enrique Larios, dos de ellos trabajan ahora en la industria de la radio y la televisión. Enrique Larios Jr tiene en radio “El Show del Perico” y trabaja en TV Azteca Ensenada; Yasir Olivia trabaja también en el medio como locutora y la conocen como “La Cotorrita Larios”. Sus otros hijos son Dorana Karle, Henia Edith, Isellyhaii y Marco Antonio (+).

 

Enrique no se arrepiente de haberse plantado frente a su padre y haber escogido el camino del sindicalismo “la vida sólo tiene sentido si haces del servicio a los demás un proyecto de vida y ese fue el proyecto de mi vida que hice en aquel entonces y aquí estoy”, cierra nuestra conversación Enrique Larios García con una voz fuerte y una mente llena de recuerdos y anécdotas.