Trazos de una gran trayectoria

Por Laura Hernández

#EntreAmigos

Hay amigos a quienes dejas de ver por un tiempo, pero eso no significa que la relación se haya debilitado. Al contrario, cuando existe un vínculo de admiración y respeto sólido, el reencuentro está cargado de júbilo.

Así nos pasó con él, uno de los profesionales más importantes de la caricatura mexicana y quien ilustró las páginas de Resonancias en sus primeros años.

 

De las aulas al mundo

Comienza a descender el sol, la tarde es ideal para charlar con Arturo Kemchs. Desde su estudio, sonriente y con gran disposición, narra cómo inició todo para aquel joven estudiante y cuál ha sido el avance de su prolífica carrera.

“Arranqué en 1976, cuando estaba en la preparatoria. Yo estudié en el CCH Oriente, un día, de la dirección me invitaron a ilustrar todas las carreras de la Universidad —qué hace un médico, un arquitecto, etcétera—”.

“Me gustaba el dibujo, pero no sabía sobre materiales ni nada. Tardé como 4, 5 meses y lo hice pensando en la UNAM, como una participación o un regalo. Tiempo después me vuelven a llamar de la dirección y dicen ‘no sabemos cuánto se le paga a un caricaturista, si esto está bien o mal’. ¡Era un cheque por 11 mil pesos!, con eso compré mi primer Volkswagen”.

“Más adelante, en la Gaceta de la UNAM salió un cartel con lo que había hecho, invitando a una exposición de las caricaturas. Estaba feliz, era mi primera vez trabajando como caricaturista, la primera ocasión que publicaba, mi primera exposición y mi primer pago”.

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"Cuando un caricaturista entra a un diario es porque ya se está realizando, ya tendrá una función como comentarista, como crítico y periodista gráfico”.

“De manera profesional inicié por ahí del 78, en una revista llamada La Garrapata y un periódico muy modesto, El Figaro; cuando un caricaturista entra a un diario es porque ya se está realizando, ya tendrá una función como comentarista, como crítico y periodista gráfico”.

“Por la mañana iba a la escuela, después hacía mi cartón, luego lo llevaba a la redacción y el 15 cobraba en caja. De alguna forma empezó a engranarse todo, era muy motivante ver mis caricaturas publicadas. Cada día iba al puesto a comprar el periódico para revisar lo que había hecho una tarde antes”.

“Así inicio. Después empecé a brincar a periódicos más importantes. Estuve en Novedades, Ovaciones; híjole, casi en todos los de esa época. Yo repartía trabajo por todos lados, y había entendido que esto era a lo que me quería dedicar”.

 

Cientos de dibujos

“Este camino que inició con ese periodiquito modesto, fue creciendo en los medios y hoy son más de 40 años de carrera. También colaboré en el UnoMásUno, y de ahí me mandaron al Washington Post y The New York Times. Así empecé a publicar en el extranjero, y de ahí vinieron muchísimas cosas más”.

“Tenía participaciones en Nicaragua, El Salvador, Argentina, Cuba y otros. Yo trabajaba en varias secciones, una de ellas, Internacional y esos cartones eran los mismos que enviaban a otros lugares. Era una gran satisfacción cuando veía periódicos de diversos países con mis caricaturas”.

Tengo una anécdota de Punto Final, en Chile. Una vez fui y me dijeron ‘eres el caricaturista que el único lugar donde no ha publicado es en el Diario Oficial’; porque en todos los periódicos donde yo pasaba pedía trabajo”.

En efecto, hoy en día si alguien consulta los impresos de esa época indudablemente hallará alguno de sus cartones. Un gran mérito si consideramos la escasez de espacios de esas décadas.

“Antes, en la página editorial solo aparecían dos caricaturistas, y eran personas con muchos años ahí. Debías esperar a que se muriera, enfermara o despidieran a alguno, para tener chance de entrar”.

“Me considero alguien con mucha suerte, creo ser el único caricaturista en este país que ha estado en cinco diarios nacionales al mismo tiempo. Eso era muy raro. No te pedían exclusividad y del 85 al 95, el periódico que abrieras, ahí estaba yo”.

Dicho sea de paso, en 2008 y 2009, el también ilustrador e historietista formó parte de Resonancias.

“Este tipo de contactos se da entre compañeros. Recuerdo que iba a las oficinas, por el Centro Médico, a entregar mi trabajo y se publicaba en una página entera”.

 

El mundo en tus manos

Multirreconocido a nivel nacional e internacional, es autor de casi 50 libros (el más reciente, Covid-19, del Humor a la Reflexión, comparte lo que sus compañeros le han comentado al respecto.

“Sobre algunas noticias me dicen: ‘tú no haces un cartón, ¡haces un libro!’”.

“Viene un poquito de la mano porque a veces me excedo de trabajo, mi producción es muy vasta. Eso me permite editar estas recopilaciones”.

Y a propósito de esa cercanía con los formatos impresos, preguntamos a Arturo sobre los medios tradicionales.

“Yo también pienso que están cerca de desaparecer los impresos”.

“Antes compraba tres periódicos, actualmente solo El Universal —por ser donde trabajo—. Ahora en mi teléfono aparece todo. A las 6 de la mañana estoy revisando titulares, primeras planas, información general, etcétera. Cuando me siento a dibujar, es como si ya hubiera leído cinco diarios. No completos, pero ya estoy empapado de lo que pasó sin haber ido al puesto de la esquina”.

El Universal todavía me llega por esa nostalgia de ver mi caricatura, la recorto, guardo y tiro el resto cuando acabo de leer; pero eso en algún momento va terminar, los medios de comunicación ahora están en el celular”.

“Aparte, cuando ves los noticiarios en la noche, esas noticias son viejas porque ya las viste durante el día por internet. Si a las 10 la noticia es pasada, a la mañana siguiente ¿qué tan vieja será? Estamos viviendo un tiempo de información tremendo y exagerado, no alcanzas a digerir tanta información”.

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“Sobre algunas noticias me dicen: ‘tú no haces un cartón, ¡haces un libro!’”.
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"Ahora hay un problema internacional: todos los caricaturistas hacen el mismo tema, es donde dices ‘ahora sí, éntrale porque están 2 mil dibujantes con la vista en el mismo lugar’”.
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“A mí me gustaría leer a todos mis compañeros, pero no da tiempo, cuando terminas el artículo ya es viejo y están escribiendo por redes uno más nuevo, con la noticia mejorada y actualizada”.

“Por eso sí creo que llegará el momento donde los medios impresos se van a hacer viejos. De hecho, cada día tienen menos páginas y han desaparecido secciones —como el Aviso Oportuno, ahora hay portales para eso y te ve más gente—”.

“Calcular el tiempo, no lo sé, pero sí considero que nos quedaremos con la nostalgia de tener periódicos en casa”.

 

Día a día, hay más

Sus cartones son inconfundibles, es un artista de trazos artesanales. Si bien conoce de otras técnicas donde se aplica la tecnología, relata que es por nostalgia y prefiere seguir dibujando con la forma tradicional.

Y así como programas o aplicaciones han apoyado en la labor de otros moneros, los avances también han visibilizado a múltiples talentos.

“En los concursos —yo ya no participo, solo voy como jurado a otros países—, antes, te mandaban tu catálogo, veías el trabajo de otros compañeros, qué se hacía en otras partes del mundo, conocías nombres, técnicas, estilos. Todo eso lo ibas aprendiendo al recibir esos libros y era oro”.

“Hoy, prácticamente está desapareciendo. Todos los días, veo lo que hacen en Irán, en Alemania, los rusos, el trabajo de los japoneses, con mi teléfono”.

 

“Comentaba con algunos amigos que antes competías con tu compañero del periódico, al otro día pensabas ‘¿a ver qué cartón está mejor, de este lado o este otro?’ —No es mala la competencia; al contrario, es bueno tener esa manera de mejorar tu trabajo—”.

“Después compites con los de los demás medios, pero hoy es con todo el mundo. Ahora hay un problema internacional: todos los caricaturistas hacen el mismo tema, es donde dices ‘ahora sí, éntrale porque están 2 mil dibujantes con la vista en el mismo lugar’”.

 

Compartir, enseñar, crecer

El tiempo avanza con rapidez, empieza a anochecer. El momento ha estado lleno de anécdotas e ideas, y no podemos despedirnos sin platicar sobre otra de las actividades que este maestro de la caricatura realiza

Desde 2010, Kemchs es director de Fundación Arte Down México. Un espacio que en sus inicios solo era para jóvenes, pero gracias a su labor ha ido creciendo y ahora tiene dos sedes, entre sus alumnos hay niños e incluso bebés.

“Todo empezó por el deseo de enseñarles a hacer caricaturas, pero al conocerlos más a fondo me di cuenta de que era necesario abrir un lugar —porque no había o hay muy pocas escuelas de educación artística— para ellos”.

“La idea original estaba dirigida a chicos con Down, posteriormente se acercaron personas con otras discapacidades. Actualmente damos nuevas materias, seguimos dentro de la parte artística, pero también se imparten cursos que les permitan seguir adelante a estos jóvenes”.